Lukas, más allá de lo aparente

Portada 3D lukas

NACE UN LIBRO – CAPITULO I

Una gota de agua cayó sobre mi hocico haciendo que la humedad de mi nariz se acrecentara. Miré para ver de dónde venía, era de la hoja de un eucalipto, rozaba mi cabeza. Había llovido la noche anterior y el olor de la tierra, el musgo abriéndose a la vida, el trino de los pájaros rompiendo el silencio me tenían absorto. Los pinos de la quebrada estaban tan silentes y quietos, como si estuvieran en profunda meditación. A lo lejos se escuchaba el agua del arroyo, era apenas un hilo escuálido, la brisa traía un montón de canciones de la tierra, una araña caminaba de prisa, y lo que más llamó mi atención era como una flor se abría exuberante llenándolo todo de colores rosas y cremas, estaba como flotando sobre una tierra dura, arcillosa y generalmente seca, como es la tierra de laguna verde, y sin embargo, ahí estaba ella, viva, tan viva. Lo sentía todo, y ese todo me sentía a mí. Fue en ese singular momento cuando tuve la idea, debía decirles, debía contarles lo que estaba observando, sintiendo, ese todo que tocaba cada pelo de mi cuerpo, cada átomo de este cuerpo perruno. Como lo veía un perro, pero no uno normal, porque la verdad, es que no lo soy.
Al cabo de unas horas, cuando el sol ya estaba en lo alto del día generando ese calor que hace que todo exista, incluso yo y mi madre y la hormiga y la flor, me acerqué a ella, a mi mamá humana. Estaba en cuatro patas con el pelo hecho un desastre y la nariz con algo de barro. Me miró y me lanzó un beso, enseguida siguió escarbando la tierra con su pequeña pala mientras la planta que estaba a su lado bostezaba aburrida, deseaba que de una vez se decidiera a plantarla para poder unir su energía a la de la tierra y así seguir viviendo. Ese era el momento adecuado.
—Mamá —le dije con un tono suave.

Anuncios

A Veces…, Patricia Gómez S.

A veces,

El tiempo corre tan de prisa que tapa mis ojos torpes, agarra con sus dedos los aromas que me gustan, como el de la tierra húmeda, el café fresco y el de esas noches obscuras con estrellas refulgentes.

Y  resurjo

y muero,

una y otra vez. Todo eso…,

en un aletargado silencio.

(Un silencio tan profundo como el destello de la muerte)

 

***

A veces,

Mi cuerpo es sorprendente.

La sangre estalla cuál volcán de mi vientre y fluye la vida y me torno fértil, emancipada y violenta, arremeto en el día y el día en mí.

Mis caderas son comarcas de lobos que se escapan de la jauría asfáltica en busca de apareo, y mis ojos, ellos siguen insondables y vastos, inmensos tanto como mi alma.

Nadie los toca